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Honradez (es lo que falta)

25 septiembre, 2009

Ayer Arsenio Escolar hacía un apunte (que he leído esta mañana de parte de Ignacio) sobre el número real de parados que hay en España, que entre otros datos nos recuerda el escandaloso porcentaje de actividad económica que este país desarrolla al margen del control estatal, algo también conocido como “economía sumergida” y que representaba el año pasado un 23% del PIB.

Leedlo: doscientos veinte mil millones de euros. Para que os hagáis una idea, el Servicio Catalán de Salud (en 2009) cuesta 9.412,90 millones de euros. Es decir, con todo el dinero que la gente evade en impuestos podríamos sufragar 23 veces el costo de la sanidad pública catalana, o lo que es lo mismo, dar cobertura médica a unos 174 millones de personas.

¡Qué país el nuestro! El país que más empleo destruye por cada décima del PIB que desciende, el país con la que es seguramente la peor clase empresarial que puede existir: la que sólo protesta y pide, que no invierte nada en mejorar, y que hace cuanto esté en su mano para pagar menos impuestos.

Wait. Siendo justos, no sólo los empresarios hace lo que esté en su mano para pagar impuestos. Según los mismos datos que he leído previo a escribir este artículo, hay cerca de millón y medio de personas en este país que trabajan en negro. No me malentendáis, yo comprendo al padre de familia que ante la perspectiva de no ingresar un duro o cobrar en negro opte por lo segundo. Pero todos conocemos a Pepito el profesional liberal, el que hace apaños sin hacernos factura, o el vecino que ha hecho el baño nuevo ¿sin licencia de obras? Por supuesto. Este país incluso espolea a los que se saltan la ley a la torera, es más listo el que se escapa de Hacienda, y no me digáis que no, porque seguramente la mayoría de los que leáis esto habreís visto u oído las cosas a las que me refiero.

Y después hay niños que tienen que ir a clase en barracones. Después faltan centros de salud, las calles están mal asfaltadas, o cercanías va con retraso. Despúes, los mismos que rechazan un empleo porque es más cómodo quedarse en casa cobrando el paro y hacer alguna chapuza para el primo de un cuñado de tanto en cuanto se quejan en los bares de lo mal que va el país y de lo malo que es un gobierno que sube impuestos. Impuestos que no haría falta tocar si esos 220.000 millones estuvieran en las arcas del estado. Impuestos que estarían en las arcas del estado si se aplicara mano dura contra el que comete fraude o evasión fiscal.

La honradez no es algo imponible por ley, es algo que cada ciudadano tiene que interiorizar.Y tiene mucho que ver con ese 23% del PIB que no se declara. Es algo que tiene que ver con la sociedad de clases, tanto para los que creemos en ella como para los que creen que ya está superada, tanto para los que cumplimos a gusto y a sabiendas de que contribuimos a mejorar el estado, como para aquellos que en su egoísmo sólo lo hacen por obligación.

Honradez. No necesariamente reformas estructurales o del mercado de trabajo (que también), sino honradez para con el vecino (el que tiene que esperar 3 meses para acudir a un médico especialista). Honradez a la hora de dar y recibir. Honradez a la hora de cumplir las leyes y hacerlas cumplir a quien le toque. Honradez a la hora de pasar por la caja de Hacienda del mismo modo que raudos presentamos declaración cuando sale a devolver. Honradez, porque es la mayor de las solidaridades posibles, más allá de acuerdos de financiación, ayudas al desempleo, a los bancos, o cualesquieras que sean las medidas que se tomen para salvar un sistema que con frecuencia se hunde por la facilidad con la que sus actores mienten.

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